Estoy en el tiempo en que el poder de la espada
Es atravezado por el fuego de la serpiente,
Que inunda tus venas con sangre velóz.
Por más que logres anestesiarme
Nunca vas a tener razón.
Por más que no recuerde mi nombre
Siempre voy a ser yo,
Quien te diga la verdad en la cara
En vez de hablar mal de vos,
Mumurando a tus espaldas,
Procurando la risa macabra
De la débil alianza cobarde.
Entongue de rápida muerte,
Falsa amistad que pende de un hilo.
Que sólo dura hasta que falte
Quien hoy soporta las burlas
De los infelices que intentan
Sentirse seguros
De lo que no pueden ocultar
Bajo sus largas narices.
Entonces quizá te toque a vos
Ser la nueva víctima
De la mentira que éstos alimentan,
Siendo en realidad
Víctimas de sí mismos,
Ya que por gente como ellos
Hoy son unos resentidos.
Aparentemente satisfechos
Con lo poco que les queda de amor,
Revolviendo en sus desechos.
Lo que sobra es el temor
Que impuso la serpiente,
Enroscando a la espada.
Paralizando con su veneno
El poder de la verdad
Que está dentro de cada uno,
Buscando un refugio
Para volver a nacer
En la sangre del dragón,
Que es ese fuego en tus venas
Que irradia tu corazón.
Nosotros somos la salvación
Si nos amamos en esta vida.
No hace falta ser un dragón
Para escupir verdades
Con incendiaria saliva.
Hoy podés estar seguro
De que nadie tiene tu poder,
De que la espada te pertenece
Al mirar de frente tu destino,
Y la serpiente se desvanece
Al retomar el dorado camino
Que tu vida de hoy ofrece.
Olvida mejor todo ese veneno,
No existe temor, sabiéndose bueno.