La cacería del espejismo
Dejó de ser una sorpresa
Para quienes se creían cazadores
Y resultaron ser la presa.
Atrapado en el pasatiempo,
Estallando mi cabeza,
Voy perdiendo el equilibrio;
Ni alegría ni tristreza,
Hoy mi mente es como un vidrio
Que con una palabra se quiebra,
Como con un golpe de puño
Que desarma el rompecabezas.
De la euforia a la depresión
sin escalas ni certezas,
Sin lograr nunca antes del golpe
Colocar todas las piezas
Y sabiendo que he perdido,
Aunque el tiempo no interesa.
Como tampoco importa el oro
Porque es más grave la pobreza
Del que pretende encontrar a dios
Sin bucear en su cabeza.
Parece que el hombre no sabe nadar,
Será porque en esta vida su monstruo allí está.
Me pregunto por qué
En las profundidades de tu alma
Reina la oscuridad
Si a tu al rededor las calles ya no están
Esperando la caída de tu enfermedad,
Tampoco se asoman a la puerta
Ilusiones de gente que nunca despierta
Y se pudre en miserias por gritos que fingen
Un dolor caprichoso de algo que exigen
Cuando en realidad repugnan y aborrecen.
Estoy solo frente a mis sombras,
Intentando traspasar una luz
Para que esos oscuros espejos desaparezcan;
Cuando ya no haya sombras yo seré luz,
Y mi espíritu, al fin en paz
Podrá recorrer tu cuerpo
Para formar parte de tí
Cuando este ya no esté aquí,
Cuando deje de ser miles de sombras
Y se transforme en la oscuridad absoluta
De la calma eterna,
Que no es más que esa luz
Que a veces tanto te aterra,
Por no saber que morir
No es más que dejar esta tierra,
Y a su vez por siempre,
Formar parte de ella
Y ser consecuente
Con la naturaleza.
No pidas a un pájaro
Que nade con destreza,
Pero cuando éste despliega sus alas
El cielo vibra sobre mi cabeza
En un silencio que no reconozco
Al momento de despertar o dormir,
Aunque tampoco reconozca la diferencia,
Este fuego que es mi ser
Vuela en busca de la presa
Que no pueda corromper
Con el vicio y la pereza,
Solamente por reconocer
De la vida su riqueza,
De la muerte la verdad
Y de la verdad la milanesa.
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