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viernes 30 de diciembre de 2011

La verdad de la milanesa


La cacería del espejismo

Dejó de ser una sorpresa

Para quienes se creían cazadores

Y resultaron ser la presa.

Atrapado en el pasatiempo,

Estallando mi cabeza,

Voy perdiendo el equilibrio;

Ni alegría ni tristreza,

Hoy mi mente es como un vidrio

Que con una palabra se quiebra,

Como con un golpe de puño

Que desarma el rompecabezas.

De la euforia a la depresión

sin escalas ni certezas,

Sin lograr nunca antes del golpe

Colocar todas las piezas

Y sabiendo que he perdido,

Aunque el tiempo no interesa.

Como tampoco importa el oro

Porque es más grave la pobreza

Del que pretende encontrar a dios

Sin bucear en su cabeza.


Parece que el hombre no sabe nadar,

Será porque en esta vida su monstruo allí está.

Me pregunto por qué

En las profundidades de tu alma

Reina la oscuridad

Si a tu al rededor las calles ya no están

Esperando la caída de tu enfermedad,

Tampoco se asoman a la puerta

Ilusiones de gente que nunca despierta

Y se pudre en miserias por gritos que fingen

Un dolor caprichoso de algo que exigen

Cuando en realidad repugnan y aborrecen.


Estoy solo frente a mis sombras,

Intentando traspasar una luz

Para que esos oscuros espejos desaparezcan;

Cuando ya no haya sombras yo seré luz,

Y mi espíritu, al fin en paz

Podrá recorrer tu cuerpo

Para formar parte de tí

Cuando este ya no esté aquí,

Cuando deje de ser miles de sombras

Y se transforme en la oscuridad absoluta

De la calma eterna,

Que no es más que esa luz

Que a veces tanto te aterra,

Por no saber que morir

No es más que dejar esta tierra,

Y a su vez por siempre,

Formar parte de ella

Y ser consecuente

Con la naturaleza.

No pidas a un pájaro

Que nade con destreza,

Pero cuando éste despliega sus alas

El cielo vibra sobre mi cabeza

En un silencio que no reconozco

Al momento de despertar o dormir,

Aunque tampoco reconozca la diferencia,

Este fuego que es mi ser

Vuela en busca de la presa

Que no pueda corromper

Con el vicio y la pereza,

Solamente por reconocer

De la vida su riqueza,

De la muerte la verdad

Y de la verdad la milanesa.

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